Por qué el colesterol puede subir en invierno y cómo reducir el riesgo de infarto en los meses más fríos
La llegada de las bajas temperaturas suele alterar nuestras rutinas, pero un aspecto poco conocido es que también genera cambios biológicos que impactan en el sistema cardiovascular. Investigaciones científicas, como las realizadas por el Centro Ciccarone de Johns Hopkins con datos de millones de adultos, confirman que los niveles de colesterol LDL (conocido como "malo") aumentan de forma estacional durante el invierno. Este patrón, sumado a otros factores climáticos, explica por qué el riesgo de sufrir eventos cardíacos graves experimenta un notable incremento en esta época del año.
Un análisis clínico con 30.000 pacientes reveló que las personas con diabetes, hipertensión u obesidad son las más vulnerables ante este cambio estacional, pudiendo registrar aumentos de colesterol LDL de hasta 15 mg/dL durante los meses fríos. A nivel físico, las bajas temperaturas provocan una vasoconstricción —el estrechamiento de los vasos sanguíneos— para conservar el calor corporal, lo que eleva la presión arterial de forma automática. Si a este esfuerzo extra del corazón se le suma una mayor concentración de grasas en la sangre, el escenario se vuelve propenso para la desestabilización de placas de ateroma.
El incremento del colesterol en invierno se relaciona directamente con las modificaciones en el estilo de vida. Durante esta estación, se estima que la actividad física disminuye alrededor de un 40% debido al frío, lo que no solo favorece el aumento de peso, sino que reduce la presencia de colesterol HDL ("bueno"), encargado de limpiar las arterias. Paralelamente, tendemos a modificar nuestra dieta hacia alimentos con mayor contenido calórico y grasas saturadas, reduciendo la ingesta de vegetales y frutas frescas ricos en fibra soluble, los cuales son esenciales para bloquear la absorción de lípidos.
Dado que la incidencia de infartos puede subir hasta un 35% en los meses invernales, los especialistas insisten en la importancia de no descuidar los controles médicos en esta época. Es fundamental que las personas con antecedentes o factores de riesgo mantengan un monitoreo constante de su presión arterial y respeten estrictamente la toma de sus medicamentos recetados, como las estatinas. El invierno no debe ser un período de "pausa" en el cuidado de la salud, sino una fase donde las medidas preventivas deben reforzarse de manera activa en el hogar.
En conclusión, mitigar el riesgo de infarto en invierno requiere mantener el cuerpo en movimiento y sostener una alimentación saludable a pesar del clima. Optar por infusiones calientes, caldos de verduras y guisos saludables a base de legumbres y cereales integrales ayuda a mantener el cuerpo templado sin comprometer las arterias. Asegurar una hidratación óptima y evitar cambios bruscos de temperatura son estrategias sencillas pero de gran valor para proteger el sistema cardiovascular, garantizando que el invierno transcurra de forma segura y saludable para toda la familia.
Fuente: Infobae
